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4 enero 2011 2 04 /01 /enero /2011 19:30

Oscar caminaba sin prisa pero sin pausa ensimismado en sus pensamientos. Pensaba en sus notas, que sin llegar a   

       ser las mejores del mundo, no estaban nada mal. Un par de Notables en Lenguaje y Sociales, tres Bienes en Reli-

       gión, Inglés y Música y un par de suficientes en Ciencias Naturales y Matemáticas, que eran las que más le costaba

       aprobar. En Gimnasia no había recibido calificación, como durante todo el curso. Debido a una extraña alergia al su-

       dor no podía realizar actividad física ninguna. En cuanto sudaba un poco más de la cuenta, el cuerpo empezaba a lle-

       nársele de granos. A consecuencia de esto, sufría grandes picores y mucho malestar.. Le habían detectado la alergia

       al principio de curso tras numerosas pruebas, la mayoría de las cuales consistían en dolorosas y habituales inyecci-

       ones. Oscar, que siempre habia sido un chico delgado, nervioso, que nunca paraba quieto se había converttido en

       otro despues de esto. Se había engordado bastante por la falta de ejercicio y había tranquilizado mucho su carácter.

       Ya no era ese niño que podías ver corriendo por el parque, montado en bicicleta o jugando sin parar con su balón de

       fútbol. Ahora lo más normal era verlo tumbado con un libro o con cualquier comic de superheroes en la cama o senta-

       do en las escaleras de patio del colegio que compartía con compañeros lesionados mientra el resto de su clase ha-

       cian gimnasia.

       Pensaba también en que tenía que terminar la carta para Cristina, su amiga por correo. Sobre las Navidades pasa-

       das, Josema, el profesor de Lengua había llegado a clase con una caja llena de cartas de otro colegio. Las fué repar-

       tiendo una a una, pupitre a pupitre. Les comentó que las cartas procedían de un colegio mixto de Barcelona. El cole-

       gio de Oscar era sólo de chicos, por eso, la sola idea de que les podía tocar una chica en las cartas, había provocado

       un gran alboroto en clase. Y el había sido uno de esos afortunados. La chica se llamaba Cristina y le llamó mucho la

       atención su letra pequeña y el olor dulzón a colonia que procedía de las hojas. En la carta le hablaba de sus aficiones,

       de su familia, de sus amigos del cole...También incluía una foto suya en la que se le veía sentada en un muro con el

       mar de fondo y bajo un precioso cielo azul y brillante. Era rubia, delgadita y lucía una gran sonrisa. Él le contestó ese

       mismo día nada más llegar a casa. Desde entonces, no habían parado de cartearse. En la última carta que había re-

       cibido, ella le contaba sus planes para el verano que consistían en pasarse dos meses en Irlanda en un intercambio

       con otra niña de allí. Así aprendería Inglés, que se le daba fatal, y conocería otro pais, cosa que le apetecía mucho.

       Se le notaba muy ilusionada y contenta y él también lo estaba por ella.

Tan absorto estaba en lo que pensaba, que al cruzar una calle de camino al bar de su madre, no se dió cuenta del coche que se le acercaba a toda velocidad. El conductor tocó el claxon varias veces para advertirle. Oscar se quedó paralizado al ver el Renault 5 avalanzandose hacia él. Pegó un fuerte frenazo y se quedó parado a unos pocos centímetros de sus piernas. Un sudor frío le recorrió la espalda y un gran nudo se posó en su garganta. El conductor sacó la cabeza por la ventanilla y empezó a maldecirle y a soltar sapos y culebras por su boca. Eso hizo que despertara de su letargo y echara a correr sin mirar atrás con el miedo metido en el cuerpo. Se enfadó consigo mismo por no haber estado atento al cruze tal y como le había enseñado su padre y tal y como le repetía miles de veces su madre.Todavía con el corazón bombeándole a toda velocidad divisó El Naranjo, el bar de su madre, en la acera de enfrente. Cruzó la calle, esta vez con más cuidado y entró en el bar.

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19 diciembre 2010 7 19 /12 /diciembre /2010 17:41

......!!! VACACIONES!!! Ese era el grito de guerra aquel día de finales de Junio en el colegio Calasancio de Zaragoza. Decenas de niños corrían, saltaban y jugaban en el patio del colegio. Era un patio grande, con 4 porterías situadas en los cuatro puntos cardinales, varias canastas, unos baños pequeños y desgastados por el paso del tiempo y un frontón, en el cual, en los gélidos días de invierno que corría un cierzo que helaba la sangre, se formaba una especie de tornado juntando toda la porquería (papeles, envoltorios de pastelitos, bolsas....) que habitaba por el suelo. En la parte derecha del patio había un grupo de niños jugando al fútbol, mientras sus madres intentaban, sin demasiado éxito, conseguir llevárselos para casa. En el aire podía sentirse la alegría de saber que durante tres meses no iba a haber profesores ni deberes ni castigos. Les esperaba tres meses de libertad, de viajar, unos a la playa, otros al pueblo y los menos afortunados se quedarían en la capital. Y sobre todo tenían  tres meses para jugar, que era lo que realmente más les importaba.

Sentado en las escaleras que llevaban al salón de actos, se encontraba un niño escribiendo en un cuaderno. Era moreno, gordito, vestido con una camiseta negra y unos pantalones cortos marrones. Llevaba gafas y no paraba de subirselas porque se le caían constantemente. Estaba tan concentrado en lo que escribía que no se dió cuenta en una figura que se paró frente a él.

- ¿Qué haces, Oscar? ¿No te vas para casa?- le preguntó la figura.

Oscar levantó la vista y se encontró con la cara alargada de Josema, el profesor de lenguaje. Tenía el pelo rubio, rizado, ensortijado y lucía una gran barba rubia poblada. Bajo un brazo llevaba una gran carpeta y varios libros.

- Ahora me iré, estoy terminando de escribir una cosa - contestó. Josema se sentó a su lado y dejó la carpeta y los libros sobre un peldaño.

- ¿Qué estás escribiendo? ¿Una nueva historia? - preguntó.

- No, es una carta para una amiga - respondió Oscar. Sabía porqué le preguntaba eso. Hacia mitad de curso en el colegio se había producido un concurso de escritura entre todas las clases. Él había ganado el segundo premio por una historia sobre unos extraterrestres muy torpes que intentaban conquistar el planeta Tierra con nefastos resultados. El premio por ser uno de los ganadores consistió en una visita a una chocolatería donde todos, profesores y alumnos, se pusieron morados con una gran chocolatada acompañada de churros y bollos para mojar. Desde aquel día, Josema, siempre se interesaba por todo lo que escrbía Oscar. Le animaba a seguir escribiendo diciéndole que era un buen escritor, que pensaba que tenía talento para ello y que no lo debía desaprovechar. La verdad es que Oscar se sentía muy bien cuando le decía esas cosas, le caía muy bien.

- Para alguna novieta, ¿no? - le dijo riendo, guiñandole un ojo a la vez. Oscar se puso colorado y contestó tartamudeando.

- No....no....qu-que vá... Es-es...para una chica con la qu-que ...intercambio cartas, no e-es..mi novia....- dijo mirando al suelo muerto de la verguenza. Josema lo miró divertido atusandose la barba.

- Vale, vale, tranquilizate, hombre- dijo riéndose- Mira, tengo una cosa para tí, para las vacaciones- Alargó la mano y cogió uno de los libros que había traido. Oscar lo miró sorprendido y con curiosidad.

- Toma, para tí- dijo y posó sobre sus manos un viejo libro desgastado con el lomo rojo .- Se llama ¨El señor de las moscas ¨. Creo que te gustará. Normalmente se recomienda ser un poco mayor que tú para leerlo pero me parece que lo podrás leer sin problemas.- Oscar miró el iibro fijandose en las letras brillantes que formaban el título y en el dibujo de la portada. En él se veía una especie de isla y unos cuantos niños que parecían estar jugando a algo.

- ! Gracias ¡ ¿ Y de que vá ? - le preguntó.

- Pues sobre unos niños que acaban en una isla después de que el barco donde viajaban sufre un naufragio. Y el resto lo tendrás que decubrir tú mismo, no te voy a contar más.- respondió.

- Parece muy chulo. Me lo leeré. Muchas gracias - le dijo.

- De nada, hombre.- respondió mientras se levantaba de un salto.- Bueno, Oscar, tengo que irme. Que pases buen verano.- le dijo revolviéndole el pelo.

- Igualmente - dijo y le devolvió el fuerte apretón de manos que le dió Josema.

Lo vió alejarse por el patio y recogió todas sus cosas, incluido su libro nuevo, en la mochila. Echó a correr, se despidió de un par de compañeros de clase y salió por la gran puerta gris del colegio que no iba a volver a ver en un tiempo.

 

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16 diciembre 2010 4 16 /12 /diciembre /2010 19:43

Por la tarde,después de una mañana complicada(al salir del taller había tenido un pequeño accidente al verse implicado en una colisión multiple en la que había resultado ileso),regresó al hospital y le dieron la fatídica noticia. Una rosa roja que llevaba en la mano cayó al suelo y él se derrumbo junto a ella. Había derramado tantas lágrimas en los últimos meses que tenía la sensación de que se había quedado seco. Pero en aquel momento rompió a llorar y no pudo parar. Eran torrentes de lágrimas. Lloraba por no haber estado junto a ella en sus últimos momentos. Lloraba por Lucía,su amada Lucía. La pobre ya no sufriría más,aunque la simple idea de no poder verla nunca más hacía que se le desgarraran las tripas.

Cuando se hubo recuperado un poco,habló con el médico. Le dijo que no lo entendía,que por la mañana,Lucía,parecía encontrarse bastante mejor.

-¿Cómo es posible?-preguntó.

El doctor le explicó que habían muchos casos como este. El paciente tenía una mejoría y horas después fallecía. Era como si su cierpo se preparara para el final y eso es lo que había sucedido. Le llamaban algo así como la mejora de la muerte. Así de simple,así de cruel.

Los días posteriores fueron horribles. Al entierro acudieron muchos familiares y amigos para darle un último adiós y mostrarle sus respetos. Gracias a ellos pudo manejar la situación,más o menos. Estuvieron todos. Incluso Alejo que vino desde Australia,donde se encontraba impartiendo unas conferencias,nada más conocer la noticia.

Ya habían pasado tres años desde la muerte de Lucía. Tres años muy difíciles. Le costó adaptarse a la nueva vida sin ella. La echaba tanto de menos....Durante el primer año siguió durmiendo en su lado de la cama. A veces,ponía la mesa para dos e incluso preparaba dos tazas de café. Ese año fué el peor de su vida. Sólo le consolaban las visitas de Julián y,sobre todo,de Alejo. Se portaron muy bien con él y le hicieron las cosas más fáciles.

El segundo año,fué un poco mejor. Seguía echándole terriblemente de menos pero había aceptado ya la situación y comprendió que tenía que seguir adelante. A Lucía le hubiera gustado que lo hiciera. Habían hablado del tema unas cuantas veces durante la enfermedad y sabía cual era la opinión de ella. Debía seguir viviendo su vida. Injusto sí,pero necesario.

Estaba acabando su tercer año de viudo. Desde hacía pocas semanas había empezado a escribir de nuevo. Los de la editorial le estaban apretando las clavijas. Habían sido muy respetuosos con él durante todo ese tiempo,pero parecía que se les empezaba a acabar la paciencia. Hacía cuatro años(desde que diagnosticaron la enfermedad a Lucía)que no escribía nada de nada. No podía. Tenía un tremendo bloqueo mental y no podía escribir. Lo había intentado alguna que otra vez con nefastos resultados. Siempre había acabado igual:sudando y con las manos temblorosas.

Pero tenía que ganar algo de dinero. Sus ahorros se estaban acabando y sólo con sueños no podía pagar las facturas. Así que hizo de tripas corazón y un día de Septiembre se había acercado al ordenador,abrió un nuevo archivo y comenzó a escribir. Fué un proceso doloroso,lento pero placentero a la vez.. Y así llevaba un mes y medio. Su vida había vuelto a la normalidad y con ella sus costumbres de antaño.

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15 diciembre 2010 3 15 /12 /diciembre /2010 23:06

-Francamente,querida,me importa un bledo-decía mientras torcía la boca en un gesto demasiado forzado. La imitación era tan mala que Lucía se moría de risa. Le encantaba oirla reir. Lo hacía con los ojos abiertos y soltaba grandes carcajadas. La cara se le iluminaba y estaba todavía más hermosa.

Los últimos días fueron los peores. Como consecuencia de tantos medicamentos para aliviar sus dolores,empezó a perder un poco la cabeza y a decir incoherencias. Era muy triste verla de esa manera. Ella,que siempre había sido tan activa,cabal y trabajadora.... Ahora reposaba en una cama de hospital debil,muy delgada,preguntandole cada dos por tres quién era él y diciéndole que quería ver a su madre,muerta hacia diez años.

El día de su muerte,por la mañana,la encontró muy bien dentro de la gravedad. Estaba consciente,lúcida,aunque seguía muy debil. Se sentó junto a ella en la cama y estrechó sus manos con las suyas.

-¿Que tal,cariño?-le preguntó.

-Bueno,hoy me encuentro bastante mejor-respondió Lucía.

-Se te nota en la cara.Hoy estás guapísima-dijo mientras le plantaba un sonoro beso en la frente.

-¿Tú que tal estás?-preguntó ella.

-Yo estoy bien si tú estás bien-contestó a la vez que acariciaba su pelo.

-Te lo agradezco,pero dime la verdad,¿como te encuentras?

-Pues cansado y un poco jodido con la dichosa próstata-repondió amargamente-Pero tampoco me puedo quejar mucho. Jodido pero agradecido que diría mi abuela.

Lucía echó a reir y al hacerlo dió un respengo y un gesto de dolor invadió su rostro. Apretó fuerte los dientes y clavo sus ojos en los suyos. Él la miró con suavidad,intentando mitigar su dolor acariciando sus mejillas con dulzura.

-Tengo que pedirte un favor-dijo Lucía.

-Soy todo oídos.

-Quiero que me hagas tu imitación de Gable por última vez.

-Lucía,no digas eso.Te vas a hartar de verla durante mucho,mucho tiempo-le respondió.

-Lo digo sólo por si acaso. Venga,porfavor,hazlo...-dijo mientras le miraba con ojos lastimeros. Era genial cuando ponía su cara de niña pequeña. Le encantaba,no se podía resistir y siempre hacia lo que fuera por complacerla. Así que esta vez no fué la excepción. Torció la boca y con el mejor acento de americano sureño que se le ocurrió soltó la frasecita de marras adornando la imitación con unos pasos de cowboy desafiante.

Lucía estallo en estruendosas carcajadas y él le acompañó hasta que le entró un ataque de tos que le obligó a sentarse a recuperar el aliento.

-Vaya,vaya,el señor Marlboro ha intentado salir de tu cuerpo otra vez. ¿No me habías dicho que ya casi no fumabas?-le preguntó con tono acusador.

-Pero si fumo muy poco-protestó él-Cuatro o cinco cigarrillos al día(en realidad eran ocho o nueve). Lo que pasa es que me he atragantado,nada más-replicó.

-Vale,vale,pero más vale que te cuides.¿Me has oído,jovencito?-preguntó.

-Sí,mamá-dijo él mientras levantaba los parpados hacia arriba y ponía una mueca burlona.-Bueno,amor,me tengo que ir a buscar el coche al taller.Sólo he venido un momento a ver que tal estabas.

-¿Me vas a dejar plantada por un coche?

-No sabes el frío que hace,Scarlata. Mis pobres huesos agradeceran la calefacción y mis piernas también. Y ya sabes que odio el autobus-contestó.

-Pues un poco de ejercicio no te vendría nada mal.

-Tranquila,que bajaré las once plantas hasta la calle por las escaleras.¿Que te parece?

-Mientras no las bajes rodando-respondió Lucía y los dos volvieron a reir.

.Tendré cuidado,te lo aseguro. Bueno,me voy yá,que no quiero llegar tarde(otra de sus costumbres,la puntualidad). Luego te veo,pequeña,procura descansar.

-Sí,la verdad es que estoy un poco agotada. Tanta porquería que me estan metiendo....

-Es por tu bien,cariño,ya lo sabes-le dijo.

-Sí,ya lo sé-respondió mientras volvía la cabeza al otro lado de la cama.

-¿No me vas a dar un beso?-le preguntó de forma melosa.

-Claro que sí,Rett,ven aquí-contestó y besó sus labios cuatro o cinco veces de forma apasionada.

-Adios,cariño-dijo Lucía.

-Hasta luego,mi vida-dijo él y cuando cruzaba la puerta se volvió para echarle un último vistazo y una última sonrisa. Ella le miró y le hizo un gesto complice. Fué la última vez que la vió con vida.

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15 diciembre 2010 3 15 /12 /diciembre /2010 20:36

Dejó el wkisky en la mesa y encendió un cigarrillo. Un cenicero repleto de colillas,una botella de Jack&Daniels,un paquete de tabaco y un periódico reposaban sobre la mesa. Se encontraba en una amplia habitación  pintada de rojo,con altas estanterías llenas de libros. Unos grandes ventanales le hacían ver que en la calle estaba diluviando. Dió una profunda calada y se recostó en el sofá donde llevaba largo rato sentado. Era un hombre de mediana edad. Moreno,con unas cuantas canas a los lados de la cabeza,gafas,alto,complexión fuerte y ojos castaños. Esos ojos denostaban tristeza y preocupación. Se quitó las gafas con parsimonia y se cubrió el rostro con las manos. Estuvo así durante unos minutos sacudiendo la cabeza de un lado a otro como queriedo negar algo.

Al cabo del rato,recobró la compostura,sacó un pañuelo,limpió las gafas y se las volvió a poner. Sus ojos ahora no paraban de mirar hacia todos lados. El paquete de tabaco,el periódico,la botella medio vacía,el periódico,la televisión,el periódico,unas fotos colgadas en la pared,el periódico....

Apagó el cigarrillo con grandes y violentas sacudidas y se levantó de un salto. Se acercó a la pared de enfrente y cogió una de las fotografías que colgaban de ella. La sostuvó en las manos y la observó fijamente. En ella se veía a dos chicos jovenes,veinteañeros,apoyados en una pared. Era una fotografía muy vieja y el color había perdido su brillo original. Uno de los chicos era alto,pelo largo,con gafas,algo robusto y lucía una camiseta de un viejo grupo de rock. El otro también era alto,con muchos granos en la cara,pelo peinado con la raya en medio. Vestía una camisa gris y unos vaqueros azules desgastados. Los dos mostraban la mejor de sus sonrisas.

Miró el joven con la camiseta y al principió no se reconoció. Habían pasado treintaycinco años desde que se tomó esa fotografía y su cuerpo había sufrido grandes cambios. Vió su pelo largo moreno,sedoso y brillante y tocó su cabeza en la que solo encontró poco pelo y las malditas canas. La gente le decía que le favorecían e incluso alguna mujer había insinuado que le parecía que le hacían más sexy. A él no le gustaban nada en absoluto. Le hacían sentirse más viejo de lo que era y eso que el mes pasado había cumplido 57 castañas.

Él no se sentía mayor. Estaba sano(salvo unos pequeños problemas con la próstata),fuerte y la cabeza,por fortuna,la seguía teniendo en su sitio. A veces,veía por la calle a hombres más jovenes que él y sin embargo,parecían mucho más viejos. -"Si te enfadas te harás viejo"-le decía siempre su abuela y había procurado ser un hombre alegre,dentro de lo posible,en su paso por la tierra.. Pero a veces el mundo se desmorona y la vida en un minuto podía cambiarte el humor. Y eso es lo que había sucedido hoy.

Era un hombre de costumbres y como cada día se había levantado temprano. Se había duchado,afeitado con precisión milimétrica(otra de sus costumbres)y se había vestido. Había salido de casa para dirigirse al kiosco que se encontraba cerca de allí a comprar el periódico como hacía cada mañana. Saludó a Manolo,el kiosquero y como cada día,este,le había contado el último chiste que se había aprendido. Se rió,más por educación que otra cosa. Con el periódico bajo el brazo regresó a casa sin echarle ni un vistazo. Era otra de sus costumbres. Sólo lo leía sentado en su sofá junto a un gran tazón de café con leche,un par de magdalenas y una tostada bien hecha. Ese era su desayuno diario,siempre el mismo.

Pero eso de hacer siempre lo mismo,lo de las costumbres,no había sido siempre así. Hubo un tiempo en el que las cosas no eran siempre iguales. Un tiempo de vivir la vida sin planear nada. Un tiempo maravilloso en el que todos los días eran diferentes. Un tiempo de improvisar las cosas. Pero ese tiempo,por desgracia,acabó. Se fué,junto a Lucía. Con ella se fueron muchas más cosas:la ilusión,el amor,las ganas de vivir....Se había quedado vacío,exprimido como una naranja. Habrían cumplido veinticinco años casados si ese maldito cancer no hubiera aparecido en sus vidas. Cancer de exófago. Rápido y mortal. Demasiado rápido. Se lo detectaron en primavera y no celebraron la Navidad juntos. Así de simple,así de cruel. Fueron tiempos muy duros,sobre todo por ver como sufría grandes dolores y también por ver como se le escapaba la vida cada minuto que pasaba. Delante de ella siempre le ponía la mejor de sus sonrisas y le animaba constantemente. Recordando viejas anécdotas,regalándole flores(rosas rojas,sus favoritas)e incluso con su mala imitación de Clark Gable en Lo que el viento se llevó.

 

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  • : Este es mi espacio personal. En el intento reflejar mi forma de ver el mundo, mis opiniones, mis gustos, mis ralladas, mis relatos...Cada post que escribo tiene un trocito de mí, de mi esencia. Espero que guste al que lo lea o por lo menos le parezca interesante y le dé que pensar.
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