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9 diciembre 2010 4 09 /12 /diciembre /2010 16:10

Salió de la casa pronto,por la tarde. Echó un vistazo a un lado y a otro de la calle. No vió a nadie. Sólo un perro estaba tirado durmiendo panza arriba placidamente bajo la sombra del toldo de la papelería. Miró la hora en el reloj que le habían regalado al hacer la primera comunión y se dió cuenta que llegaba tarde. Comprobó que llevaba todo en los bolsillos y echó a correr. Atravesó la Plaza Mayor y se metió por la Calle del Vidrio. Sonidos de la televisión llegaban a sus oidos al atravesar las casas. Había dejado a su abuelo dormido en el sofá y a su abuela leyendo una revista mientrás se abanicaba con maestría. Ese verano estaba siendo muy caluroso y Alejo le había dicho que había oído a su padre decir que aún vendría más calor. No habría estado mal ir a la piscina a pegarse un chapuzón pero hoy tenía otros planes. Llegó al puente que cortaba el pueblo y bajó por un montículo. Debajo del puente continuó su camino. Vió a lo lejos la fuente. Era una vieja fuente con una manivela oxidada con la que se sacaba el agua. Recordó el verano pasado,lo malo que se puso de las tripas por beber agua de allí. Tenía sed pero decidió seguir el camino. Poco después escucho unas voces delante suyo y vió a Alejo y Julián hablando y tirando piedras al rio. Se saludaron y prosiguieron el camino juntos. Llegaron al final del puente y se encontraron con la carretera. Era una carretera enorme con muchos carriles,de doble dirección y que bordeaba el pueblo. Su abuela siempre la advertía que no la cruzara nunca. Pero ya tenía 10 años,ya era mayor para poder hacerlo. Con mucho cuidado atravesaron la carretera. Era temprano y no circulaban muchos coches. Ya en el otro lado enfilaron hacia el monte. Se metieron por un camino que estaba lleno de zarzas. Cogieron un montón de moras rojas y negras que relucían con el sol y que estaban pegajosas. Olía a tomillo y se escuchaba alguna cigarra y el canto de un pajaro. Una suave brisa removió su cabello y se sintió agadecido,hacia mucho calor. A mitad del camino había una bifurcación y continuaron por la izquierda. Atravesaron otro camino y vislumbraron a lo lejos su meta. Era una casa muy vieja,desvencijada y abandonada hacía ya mucho tiempo por su aspecto. La habian encontrado hacía una semana por casualidad mientras investigaban. Llevaban todo el verano investigando el pueblo y sus alrededores. Era la pasión de Alejo y les había contagiado a Julián y a él. La puerta estaba medio oculta por un tronco enorme caído. Entraron arrastrandose por el suelo. Sacó del bolsillo la linterna que había cogido del taller de su abuelo y alumbró la habitación en que se encontraban. Una rata salió disparada y se escondió bajo un montón de hojas secas caídas. Alejo sacó de su bolsillo trasero la guía de detectives y les explicó lo que iban a hacer. Iban a intentar encontrar pistas sobre la gente que antes habitaba la casa y descubrir si se había cometido algún asesinato en ella. Curiosearon por todos lados y Alejo encontró en el suelo unas manchas rojas muy secas. Sacó la pequeña navaja que su padre le había traído de Suiza y rascó un poco. Abrió una bolsa que sacó del otro bolsillo trasero y depositó lo poco que había podido rascar. Les dijo que cuando llegara a casa lo miraría en su microscópio para comprobar de que se trataba. Julián y él no encontraron nada más que unas latas viejas de sardinas llenas de hormigas y unos tebeos eróticos que leyeron y miraron con los ojos bien abiertos entre risas y silbidos. Después Julián les enseñó una llaves nuevas que había aprendido en karate. Se le daba bien y disfrutaba moviéndose con agilidad. Él, por su parte,les contó el último tebeo de Conan que se había leído y escenificaron sus partes favoritas. Se estaba haciendo tarde y debían volver antes que se hiciera de noche para cenar. Deshicieron todo el camino y se separaron al principio del puente. Llegó a su casa y su abuela le echó la bronca por volver tarde y todo sucio. -A saber dónde se ha metido este crío del demonio-dijo a su marido y este,simplemente le miró y le dedicó una gran sonrisa. Cenó y su abuela finalmente le castigó por no comerse el pescado. Estaba lleno de espinas y sabía fatal. Tampoco le importó mucho el castigo,estaba cansado y le apetecía seguir leyendo el libro de Sherlock Holmes que había cogido en la biblioteca. Se tumbó en la cama y pensó en todos los lugares que quedaban por investigar. Cerró los ojos pensando eso y  no pensó en nada más. Se quedó dormido con el libro abierto sobre su pecho...

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Published by Guti - en Relatos
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