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10 enero 2011 1 10 /01 /enero /2011 14:42

Me encuentro sentado en el catre de mi celda con un cigarro sin encender en la boca. Frente a mí, la misma pared desnuda y descolorida que veo todos los días. Conozco de memoria  cada pliegue del suelo, cada grieta y cada desconchón de las tres paredes que me rodean. Este es mi hogar. En esta minúscula celda se encuentran mi comedor, mi dormitorio, mi cocina, mi baño....

Aquí todos los días son iguales. Levantarse, recuento, ducha, desayuno, trabajo, comida, tiempo libre, cena, de nuevo recuento y cama. Nada cambia, siempre la misma historia. Todo es gris y aburrido. Quizás monotonía podría ser mi primer apellido.

Llevo tanto tiempo aquí metido que se me han olvidado los pecados que cometí y el tiempo que me resta de condena.

No hay día que no me levante sin pensar en fugarme de nuevo de este sitio tan horrible. Las medidas de seguridad son ferreas y los guardianes son violentos y nunca muestran un ápice de misericordia.

Sólo una vez conseguí fugarme de aquí y disfruté de las pequeñas cosas que sólo la libertad te puede ofrecer: respirar aire fresco, sentir los rayos del sol penetrando mi cuerpo y devolviéndome la vida, contemplar de nuevo el mar, dormir en una cama caliente y compartida.... Como en las casas de los pobres, poco duró la alegría. No tardaron en apresarme de nuevo. Fuí descuidado, despistado e idiota. Me arrepiento mucho de ello...

Tengo frío.

Tengo el cuerpo y el alma desnutridos.

Cada día que pasa la comida es más insípida y sólo como por inercia, no porque tenga hambre.

Lo único que hago es fumar y fumar, pensar y pensar...

Temo estar volviéndome loco, si no lo estoy ya. A veces me descubro hablando sólo, o mucho peor todavía, hablando con las cucarachas con las que comparto  mi diminuto apartamento.

La mayoría de mis colegas presos suelen tener algún bis a bis de vez en cuando. Yo nunca tengo ninguno. Algunas veces viene a verme alguna persona que todavía piensa en mí y aunque agradezca mucho su intención, no tengo ganas de hablar con ellos. No quiero que vean en lo que se ha convertido mi miserable vida.

Lo curioso y contradictório es que muchas veces, demasiadas diría yo, a pesar de lo mal que se está aquí dentro y de lo que sufro, no me gustaría salir de mi prisión. Tengo miedo de lo que me pueda esperar fuera. En resumidas cuentas, aquí me encuentro seguro, nada puede dañarme excepto yo mismo. Supongo que debo tener el denominado síndrome de Estocolmo.

Después, a ratos, me encantaría salir de aquí y VIVIR, así con mayúsculas. Conocer nuevos lugares, nuevas sensaciones, nuevas personas...O simplemente ir a otro lugar en el que se respire la paz y no sufra nunca más,aunque para encontrar ese sitio debería pagar un precio demasiado alto...

Así que aquí seguiré, en mi prisión. Ya he dicho antes que he cometido muchos pecados en mi vida, pero el peor de los pecados que he cometido es no ser feliz y ni siquiera haberlo intentado..barrotes.jpg

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Published by Guti - en Relatos
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Comentarios

andres 01/22/2011 01:56


¡K bueno Rata !a ver si haces que se vuelva a escapar y nos sorprendes con alguna aventura.


Diego 01/13/2011 20:18


muy wapo tio!!, me han gustado muchos, pero no he podido comentar hasta ahora... tengo que leerme del tirón cuando tenga más tiempo "el primer caso" jejeje... un abrazo y fuerza para continuar...


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