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10 julio 2012 2 10 /07 /julio /2012 18:13

Cuando eramos pequeños, casi tod@s tenemos el recuerdo de nuestro padre, o nuestra madre o nuestra abuel@, sentados a nuestro lado, leyéndonos cuentos. Con ellos, aprendíamos cosas de la vida aunque, logicamente, no nos dieramos cuenta. Todos aquellos cuentos tenían una gran carga moral. El cuento de "La cigarra y la hormiga" nos enseñaba que no había que ser derrochador y que sienpre era mejor ahorrar por si acaso. El cuento de "Juán sin miedo" nos mostraba que en la vida no había que tener ningún miedo a nada ni a nadie.. El de "El patito feo" nos demostraba que no hay que dejarse engañar por la apariencia de una persona, que tod@s merecemos la portunidad de mostrarnos tal y como somos y que lo verdaderamente importante es lo que somos por dentro.

Podría enumerar decenas de aquellos cuentos, pero hoy quiero detenerme en uno en particular : ·El cuento de la lechera". Supongo que ya lo conocéis, así que no os voy a aburrir explicándolo. Creo que es el cuento que menos entendí, o, por lo menos, el que más me cuesta poner en practica lo que en él nos decía. Yo siempre voy con mi cántaro de leche en la cabeza, haciendo números y fantaseando con todo lo que voy a hacer y conseguir con él. Y, por supuesto, tan absorto estoy en mis pensamientos, que tropiezo, una y otra vez, en una piedra ( no siempre en la misma ), me trastabillo, pierdo el equilibrio y caigo al suelo. Y conmigo cae también el cántaro de leche y se desparrama por el suelo todo su contenido : sueños, ilusiones, futuras alegrías, esperanzas....

Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. No les falta razón. Podemos llegar a tropezar en muchas piedras, incluso en las piedras que nosostros mismos tiramos al camino. Esas son las peores caidas, por lo absurdas, previsibles e idiotas que son.

Supongo que algún día conseguiré llegar a mi destino con el cántaro de leche intacto sobre mi cabeza. Y si no lo consigo, por lo menos seguiré soñando con que lo consigo. Los sueños no nos los pueden quitar, no puden prevaricar con ellos, ninguna maldita y jodida prima de riesgo puede hacer que no los tengamos...

Aunque, si soy del todo sincero, cada vez me canso más de soñar y de no tener ningún sueño.....spanishpod_E0340.jpg

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3 abril 2012 2 03 /04 /abril /2012 22:49

Se paró frente al gran escaparate de la tienda de ropa que estaba más de moda. Unos maniquíes, de esos realistas y ultramodernos, la contemplaban desde el otro lado del cristal. Sus ropas eran ajustadas, con muy poca tela y de colores muy estridentes y chillones. Ella no les estaba prestando demasiada atención. Sólo se fijaba en su propio reflejo. Vió su pelo negro como la noche, sus enormes, brillantes y cansados ojos castaños, su piel blanquecina.... Tardó un momento en reconocerse. Habían pasado tantas cosas en los últimos días, que sentía como si hubiera envejecido unos cuantos años. Tantas emociones vividas, tantas carreras, persecuciones, muertes y tanta, tanta sangre....Sabía que ella era la elegida, que le correspondía cumplir la sagrada misión que le había sido encomendada. A pesar de saber todo esto, en ocasiones maldecía su destino en voz baja, ya que le parecía que cargaba una responsabilidad demasiado grande para alguien tan joven como ella. 

Pensó en lo apacible y normal que había sido su vida hasta hacía poco tiempo. Criada por sus abuelos, siempre se sintió y fué la niña rara. Mientras que el resto de niños y niñas jugaban al fútbol o con muñecas, ella prefería pasar su tiempo libre observando insectos y minerales, leyendo libros considerados para mayores, dibujando cosas extrañas que parecían no tener significado alguno, escribiendo en un idioma inventado por ella misma....Lo que más le gustaba era mirar al cielo. Podía estar así durante horas, simplemente mirando hacia arriba, hacia las nubes y las estrellas, como esperando que algo llegara, algo que viniera a buscarla y la sacara de este mundo, al que no se acostumbraba ni creía pertenecer. El resto de niños se burlaba de ella. Era diferente, rara y tenía que pagar un alto precio por ello. Jamás tuvo un amigo de su edad. Sólo su cobaya Vera era su fiel compañera y le acompaba a todas partes. A pesar de todo esto, había sido una niña feliz y despreocupada. Era inteligente, aplicada y sacaba excelentes notas.

Al llegar a la adolescencia, acudió al instituto y continuó siendo la niña rara. También continuaron sus extraños dibujos y escritos. Allí también se burlaban de ella e inventaban fantásticas y estrambóticas historias y leyendas sobre ella. Nunca le importaron aquellas cosas y lo único que no llegó a entender era el porqué de aquellas burlas. Ella estaba contenta de ser como era y se preguntaba porqué los demás no parecían ser tan felices consigo mismos.

Después, al cumplir los 16 ocurrió lo que llevaba toda la vida esperando. Su verdadera "familia" apareció en escena. La llevaron con ellos, le contaron la gran verdad, la instruyeron, la aleccionaron, la entrenaron y la prepararon para cometer su misión y aceptar su destino. Su propio destino, el de su familia y el del planeta entero, dependían sólo de ella....

Pero todo esto es otra historia. Pertenece al pasado. Volvamos al presente.

Por el rabillo del ojo vió salir de la tienda de ropa a la persona a la que llevaba un buen rato siguiendo. Pasó a su lado, sin reparar en ella. Dejo que continuara su camino, y ya a una distancia prudencial comenzó a seguirle de nuevo. Se ajustó la pequeña mochila que llevaba en sus hombros y esquivó a toda la muchedumbre que pululaba a aquellas horas por una de las calles más importantes y céntricas de la ciudad. Su presa era un hombre de mediana edad, moreno, pelo corto, engominado y muy flaco. Poseía una información vital para ella y necesitaba tener una pequeña charla con él.

El hombre cruzó de acera y se metió por la calle donde comenzaba el barrio chino. Ella le siguió y se internó por aquel extraño y misterioso barrio. Enseguida vió un montón de actividad en sus calles. Había pequeños puestos callejeros donde vendían practicamente de todo : fruta, licores, plantas, animales, perfumes, comida...También en las esquinas de sus calles, había mujeres que vendían otras clases de alimentos...Un grupo de niños chillones, jugando con unas coloridas cometas, pasó corriendo a su lado y casi la tiran al suelo. Tuvo que apoyarse en uno de esos puestos de fruta y, aprovechando el momento, birló habilmente una manzana muy roja y brillante. La guardó en su mochila y prosiguió su misión. El hombre empezó a callejear. Tan pronto giraba a la izquierda como lo hacía a la derecha. No parecía tener un rumbo fijo. La s calles por las que se metía eran cada vez más estrechas y había menos personas. Un fuerte olor a pescado frito inundó sus fosas nasales y le entró una nausea. Nunca le había gustado el pescado, especialmente el marisco y cosas similares. No lo soportaba.

Al girar por la última callejuela por donde se había metido aquel hombre, se sorprendió de no ver absolutamente a nadie. Ni un alma andaba por aquella calle y no había ninguna puerta donde se pudiera haber escondido. La calle era muy larga y continuó andando por ella. Hacia la mitad, se encontró en lo que parecía una intersección de calles. Ella estaba justo en el medio y a su derecha, a su izquierda, delante y detrás, desembocaban calles. Dos a la izquierda, una a la derecha y dos delante. Le dió mala espina. Un escalofrío recorrió su espalda y se percató de que había caido en una trampa. Ni siquiera se sorprendió cuando empezó a escuchar un gran número de pasos que se dirigían hacia ella. Eran ellos. Los merodeadores la habían encontrado.

Aparecieron por todas las calles, incluso detrás suyo. Eran una veintena y todos llevan su clásica indumentaria oscura y llevaban las pinturas de guerra adornando sus sombríos rostros. Barajó varias opciones antes de tomar una decisión. Eran demasiados y se sentía demasiado cansada como para luchar con todos ellos, así que sólo podía hacer una cosa : huir. Por la calle que tenía a la derecha, cuatro merodeadores empezaron a correr y ella hizo lo mismo. Corrió hacia ellos y observó como empezaban a desenvainar sus largas y afiladas espadas. Cuando llegó a su altura, aprovechó un gran charco de agua y se lanzó al suelo, deslizándose por él. Atravesó las piernas de uno de aquellos horribles seres. Intentó cogerla por el pelo, pero ella se pusó de pie rapidamente y salió corriendo. Notó como todo el grupo corría tra ella, sin hacer ruido alguno. La calle acababa y no había ningún lugar por donde poder escapar de allí. Casi al final, vió un estrechísimo callejón a su izquierda y se metió por él sin pensárselo dos veces.

Siguió corriendo y llegó a una calleja oscura, con dos grandes y sucios contenedores de basura a la derecha, completamente nada a la izquierda y una altísima pared desconchada al frente. No tenía escapatoria. Se paró frente a la pared, se dió la vuelta y vió a todo el grupo de merodeadores deteniéndose frente a ella. Junto a los contenedores de basura había unos cartones de los que sobresalió la cabeza de un vagabundo, completamente borracho, que contempló la curiosa escena. Uno de los merodeadores dió dos pasos rápidos y golpeó con violencia el rostro de la chica que andaban buscando. Ella cayó al suelo y se quedó quieta, con las rodillas clavadas en el suelo. Se avalanzaron hacia ella y uno de ellos, que parecía ser el que más mandaba, gritó por encima de sus cabezas :

- ¡¡ Estúpidos !! ¡¡ Recordar que no debéis acorralarla !! - chilló.

Su aviso llegó demasiado tarde. Ella empezó a levantar la cabeza lentamente, con parsimonia. Sus ojos, otrora castaños, empezaron a teñirse de negro. Eran de una negrura sólo comparable con la negrura del infinito. Comenzó a erguirse y los merodeadores dieron un paso atrás, contemplando con miedo la transformación de la chica. Su rostro se convirtió en un rostro felino, casi animal. Del bolsillo trasero sacó dos palos, no muy largos. En uno de los lados de cada uno de los palos había una especie de botón. Lo pulsó y un par de hojas afiladas brotaron de ellos. Se formaron como una especie de hachas pequeñas.

De repente, y con una velocidad vertiginosa, se lanzó hacia ellos. Alzó el hacha y cercenó de un golpe el brazo de uno de ellos. Sin darles tiempo a reaccionar comenzó a golpearles sin piedad ninguna. Miembros amputados y regueros de sangre inundaron la calle. Su fuerza era brutal. No la podían detener, a pesar de ser muchísimos más que ella. A uno de ellos, le cortó un pie de un sólo tajo, juntó las hachas en una mano, sacó un puñal plateado de otro de sus bolsillos y se lo clavó con fiereza en un ojo. Al sacar el puñal, sacó también su globo ocular, mientras el hombre aullaba de dolor.

En el tiempo que transcurrió toda la escaramuza, el vagabundo se quedó todo lo quieto que pudo, con las ropas cubiertas de sangre y  los ojos bien abiertos, pensando que había llegado el día que tanto había temido : estaba sufriendo su primer delirium tremens.

De repente, todo terminó. Los cadaveres se apilaban junto a los contenedores y el suelo se había teñido de rojo, de color sangre. Observó que uno de los merodeadores, al que le había cortado una mano y unos cuantos dedos de la otra, intentaba escabullirse. Lo cogió por la nuca, lo lanzó contra una pared y apoyó sus dos hachas en su cuello, sin hacerle ningún corte.

- ¿ Cómo te llamas, bastardo ? - le preguntó.

- Pa - Pakrat, Dama Oscura - contestó él.

- Muy bien, Pakrat, voy a ser misericordiosa contigo y te voy a dejar con vida - le dijo. - Pero a cambio, tienes que hacerme un pequeño favor.

- Lo - Lo que desée - contestó con voz temblorosa.

- Quiero que le transmitas un mensaje a tu Amo. Dile que puede mandar a los esbirros que quiera, que no me podrá detener. Recuperaré el cetro y abriré las puertas de la Eternidad. - le dijo muy cerca de su oido, bisbiseando, casi en un susurro. - ¿ Lo has entendido, sucia rata ?

- Sí, sí...Le daré su mensaje - contestó con el miedo y el dolor metidos en el cuerpo.

- Ahora fuera de aquí - dijo y lo tiró al suelo con desprecio. El merodeador se levantó como pudo y desapareció de su vista corriendo como alma que lleva el diablo.

Ella se quedó quieta, se tranquilizó y volvió a su ser. Reparó en el vagabundo que la miraba aterrado. Cogió la mochila, la abrió y sacó la manzana que había robado hace un rato. Se la ofreció al borracho y este, muy despacio, como un perro temeroso, la cogió de la palma de su mano.

- Gracias...- le dijo.

Ella se volvió y emprendió el camino hacia su destino, a la vez que tarareaba una antigua canción de un viejo grupo, ya olvidado, de musica punk....

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25 marzo 2012 7 25 /03 /marzo /2012 15:56

Ayer por la noche acudí a la Sala Lopez a disfrutar de un gran noche de rock. Tocaban los, siempre geniales, O'funk'illo. Los sevillanos no decepcionaron y desplegaron sus buenas artes durante poco más de dos horas, El cantante, Andreas, a pesar de que los años no perdonan y que una incipente tripita le asomaba tras la camiseta, estuvo bastante activo y no paró ni un momento, animando, jaleando al público y cantando a todo trapo. El tío me recuerda a aquellos anuncios de mi infancia de los Micromachines, en los que aparecía un hombre con bigote que hablaba superrápido. Andreas canta así, rápido, muy rápido y con ese gracejo que tienen los habitantes del Planeta aceituna. El batería y el teclista formaron un portada-ofunkillo-sesion-golfa.jpgbuen tandem y pusieron a todo el respetable a bailar sin parar. El nuevo fichaje del grupo, el guitarrista Javi Marssiano, resultó ser todo un descubrimiento. Toca la guitarra de forma prodigioa e incluso se atrevió a cantar una fantástica versión de la canción de Led Zeppelin, "Whole lotta love". Mención aparte para el bajista, el gran Pepe Bao. Volvió a demostrar que es el mejor bajista de España, ofreciendo una clase magistral de como tocar un instrumento. Tocó con un palo de batería, con botellas de cerveza, durante minutos y minutos, sin dejar de tocar rapidamente las cuatro cuerdas. Increíble el momento de subirse a la barra de la sala y hacer botar a todo el mundo con su versión del "Highway to hell" de los australianos AC/DC.

En resumidas cuentas fue un gran concierto. Las únicas pegas que le puedo sacar, es que se me hizo corto y que faltaron algunas canciones que me hubiera gustado escuchar en directo. Para otra vez será. Lo que sé seguro es que salí del concierto con una sonrisa en los labios, una sonrisa de disfrute. Pocos grupos me hacen sentir algo así....

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22 febrero 2012 3 22 /02 /febrero /2012 19:38

A lo largo de mi vida, he escuchado esta frase muchísimas veces : "Eres como un osito de peluche..." Las voces que me lo han dicho han sido, naturalmente, voces femeninas. Daba igual la época en la que me encontrara o el sitio donde estuviera. La frasecita de marras me ha acompañado siempre. Al principio la cosa tenía su gracia pero llegó un momento en que me empezó a cargar escucharla una y otra vez.

Sé que no tiene nada de malo ser como un oso de peluche al que abrazar y estrujar entre tus brazos. De hecho, soy muy cariñoso y me gusta demostrar ese cariño. Me gusta esa parte de mí, no lo voy a negar. Pero en mi interior hay otra clase de oso que lucha por salir a la superficie. Es un oso pardo. Lo siento dentro de mí, dando zarpazos,sin domesticar, atrapado como un animal enjaulado al que no le dejan vivir en libertad, con ansias de corretear, jugar,cazar, morder, luchar....

No sé muy bien como hacer que salga de su jaula. A veces, ha tenido unos momentos de poder sentirse libre, ha abandonado su cueva y se ha echado monte arriba, ha tenido tiempo de disfrutar del aire fresco, de beber agua de un riachuelo, de refrotarse contra un frondoso árbol, de rebuscar en un panal de miel y sentir el ataque de las abejas, de revolcarse por el suelo...En resumidas cuentas, en esos momentos, tanto él como yo, nos hemos sentido vivos, libres.

Ahora lucho por encontrar la manera de hacerle salir de su escondrijo, de hacer que no sienta ningún miedo ante lo que se nos ponga por delante, de que esa parte de mí valga tanto o más que la otra. Me costará tiempo, de eso estoy seguro, pero encontaré la forma de logralo. Él se lo merece y yo también.

Así que si algún día lejano, véis a un oso pardo correteando por las calles, no os asustéis, porque ese oso seré yo, y lo único que querrá/querré es jugar y sentirse/sentirnos vivo/vivos.....

Cuanto daño hicieron los osos GummiOsos-gummi-2.jpgs......

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16 febrero 2012 4 16 /02 /febrero /2012 16:25

El Catenaccio es una palabra italiana que significa, literalmente, cerrojo. Es una técnica, netamente defensiva, que se utiliza en el mundo del fútbol. En especial, en el fútbol italiano. Fue ideada por Nereo Rocco en la decada de los años 60. Pensada para no sufrir riesgos, corta en el nacimiento cada iniciativa del adversario, tornando el juego poco atractivo para los espectadores y matando así el espectáculo. A pesar de todo esto, le ha brindado al fútbol italiano numerosos títulos internacionales : Uefas, Copas de Europa, Eurocopas o Mundiales.

En nuestro día a día, también nos encontramos a algunas personas que utilizan el catenaccio como arma de defensa ante la vida. Se muestran siempre a la defensiva ante cualquier cosa que ellos consideren un ataque, aunque este no lo sea. Les cuesta aceptar críticas constructivas porque creen que se trata de un ataque personal hacia ellos. Suelen guardar sus opiniones o pensamientos por miedo a que pueda ser utilizado en su contra. Y como resultado de callarse las cosas, suelen estallar por cosas tontas o que se puden calificar de poco importantes.

A veces, esas personas no siempre son así. Influye lo que les sucede, su actitud, el entorno donde interactúan para con los demás, los problemas, las rachas, malas y buenas, que vienen y van en este viejo vodevil que es la vida....

Yo también he sido así, me he comportado como esas personas, siendo irracional, inflexible y egoista. Actualmente, trabajo para no volver a jugar con ese estilo de juego tan aburrido y anodino. Acepto las críticas, tanto buenas como malas, e intento aprender de mis errores para no volver a cometerlos. Escucho, y no sólo oigo, los consejos que me dan, porque se que es por mi propio bien. También me hago escuchar. Estoy desarrollando mi propia Voz, sin miedo ni verguenza de dar mi opinión y protestar si es necesario. Y, sobre todo, no me guardo las cosas. Si algo me hace feliz, lo comparto con la gente que me importa  y si algo no me gusta lo expreso en voz alta. Empiezo a comprender que callarse las cosas sólo sirve para que se enquisten, enquilosen y se líen todavía más. Hay que hablar las cosas. Así se pueden evitar malentendidos, conflictos y batallas absurdas.

Así que aquí estoy, visionando para mi futuro, las mejores jugadas de los espectaculares equipos de fútbol que han exisitido : el Ajax de Cruyff y el de Van Gaal, el Milan de Sachi, el Brasil de los 70, la Quinta del Buitre, el Dream Team culé y, en especial, el Zaragoza de los Cinco Magníficos y el de la Recopa.

Se acabó defender, hay que empezar a atacar la vida. Como rezaba el disco en directo de Loquillo y los Trogloditas : " ¡¡ A por ellos, que son pocos y cobardes !! "Loquillo_Y_Trogloditas-A_Por_Ellos_Que_Son_Pocos_Y_Cobardes.jpg

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15 febrero 2012 3 15 /02 /febrero /2012 15:28

Hace cosa de un año y medio, me salió en el cuello un bulto. Me dolía mucho, se inflamó y casi no podía comer o mover bien el cuello. Incluso fumar un cigarro se convertía en una tortura. Fuí al médico, me estuve tomando unos medicamentos y el bulto se desinflamó y dejo de dolerme. El bulto se hizo pequeño y hasta día de hoy ya ni me ha dolido ni ha crecido. Después de muchas pruebas ( ecografías, punciones ), por lo visto es un pólipo. No es maligno ni nada, según me han dicho, a mucha gente le pasa lo mismo.

Bueno, pues cuando he ido este tiempo al especialista en la Seguridad Social, siempre he tenido que esperar mogollón de rato. Un día, incluso tuve que esperar dos horas de reloj ( ya estaba yo desesperadito ). Y es que, sólo hay un día a la semana que te atiende el especialista de tu caso ( en el mío, ya me han visto y dado su opinión hasta cuatro médicos distintos ). Y digo yo, ¿ no sería más fácil que te pudieran ver dos días a la semana y así no aglomerar a todo el mundo el mismo día? Son cosas que son de cajón, creo. Y si preguntas porqué, te dirán que son cosas burocráticas.

Ayer también fuí a pagar al banco una factura pendiente con una compañía telefónica. En el banco donde había ido siempre a realizar alguna operación parecida o similar, me pedían unos datos para realizar esa operación. Sin embargo, ayer voy a otro banco y me pedían cosas distintas. Vamos a ver, ¿ porqué no se ponen todos los bancos de acuerdo ? ¿ Lo hacen sólo por joder ? ¿ Les divierte ver cómo nos volvemos locos ? ¿ Y qué es eso de pagar recibos no domiciliados solamente tal y tal día y de tal a tal hora ? ¿ Acaso quieren trabajar aún menos ? No sé, pero seguro que si les preguntas porqué lo hacen, te dirán que son cosas burocráticas.

Ellos lo llaman burocracia, pero para mí es más bien burrocracia....

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11 febrero 2012 6 11 /02 /febrero /2012 17:20

 

 

                                                                        PROLOGO

 

 

Lo primero que vió al asomarse al gran ventanal de su despacho, fue a dos ardillas que jugaban en el cesped de su jardín. Eran marrones con tonos rojizos y parecía que estaban jugando al pilla-pilla. Una iba detrás de la otra, le tocaba con sus pequeños dedos, salía disparada y viceversa. Debieron notar unos ojos humanos observándolas y se subieron, veloz y gracilmente, al árbol que tenían más cerca. Allí se escondieron entre el ramaje y sólo podía verse sus largas colas asomándose. Recordó que, una vez, había leído que las ardillas son una de las especies que más años llevan sobre la faz de la tierra, unos 20 o 30 millones de años. De hecho, cerca de su casa habían encontrado fósiles de ardillas de aquellas lejanas épocas, además de fósiles de dinosaurios.

Conocía aquella casa desde que tenía uso de razón. De niño, había jugado, como las ardillas, al pilla-pilla, al escondite y a multitud de juegos, junto a sus hermanos y hermanas, en sus enormes jardines. La casa era una mansión victoriana que habían comprado sus padres hacía muchos, muchos años. Era muy grande, tenía cuatro pisos, ocho baños y decenas de habitaciones. Estaba situada en la parte sur de la Isla de Whigth, muy cerca de los profundos acantilados que bordeaban la isla. A la izquierda de la casa, se encontraba un camino que bordeaba la costa y en el que se encontraban casas históricas, villas romanas, castillos medievales ( como el de Carisbooke o el de Yamouth ) y la famosísima casa Osbourne, lugar que sirvió de retiro veraniego de la casa real y, más tarde, en residencia permanente de la reina Victoria hasta que falleció su marido.

Ahora, al igual que la familia real, le servía a él de residencia veraniega. Todos los años, al llegar los primeros calores a Nueva York, abandonaba el bufete de abogados que presidía y emigraba a las tierras de sus antepasados. Le encantaba disfrutar de sus bosques y pastos y evadirse de la aburrida vida en la gran manzana. Esperaba, con impaciencia, que llegara la primera semana de Agosto para poder competir, con su lujoso yate, en las carreras de la Semana de Cowes. Todos los años y durante ocho días, se disputaban carreras de yates y veleros por las millas y millas de playa de la isla.

Se volvió y miró la parte izquierda de su despacho. Justo al lado de un extraño cuadro, en el que podía verse un craneo, con las cuencas de los ojos desiguales y dos fémures cruzados en su base, descansaban, en una brillante estantería, varios trofeos conseguidos en las regatas. En la parte derecha había una gran biblioteca con decenas de libros y legajos ( algunos de ellos incunables y primeras ediciones ) y un enorme sofá orejero, tapizado en cuero natural, de color marrón. Frente a él, una pequeña mesa y  una antigua lampara de pie.

Se sobresaltó al escuchar el sonido del motor de un coche acercándose, por el camino izquierdo de la casa. Observó como el coche se detenía frente a las escaleras de la entrada y de él bajaban dos hombres. Uno de ellos era pequeño, muy delgado y  con unas finas piernas. El otro, era bastante más grande, tenía el pelo cortado al cero y en la mano sostenía un sobre blanco. Sus invitados habían llegado.

El timbre de la casa retumbó y pudo escuchar como Mary, la criada, abría la puerta y recibía a las visitas. Se sentó en la cómoda silla de su escritorio y esperó. Al cabo de unos segundos, llamaron a la puerta del despacho.

- Adelante - dijo él.

La puerta se abrió y entró Mary.

- Con permiso, señor, aquí hay dos hombres que desean verle- dijo. Mary era pequeña, rechoncheta, con cara bonachona y bonita sonrisa. Su madre había servido a la familia durante lustros y ahora ella continuaba la estirpe.

- Que pasen, Mary. Gracias- dijo.

- Con permiso, señor- dijo ella y se retiró de la habitación. Entraron los dos hombres y se pararon frente al escritorio.

- Buenos días, caballeros - dijo él.

- Buenos días, señor - respondieron al unísono.

- Creo que tienen algo para mí, ¿ no es así ? - les dijo.

- Así es, señor - dijo el más pequeño de los dos y, acto seguido, el más grande arrojó el sobre blanco sobre el escritorio.

Cogió el sobre, lo abrió con un pequeño abrecartas de plata y sacó su contenido. Eran unas fotogafías de tamaño grande. Las empezó a observar y al ir pasándolas, una a una,  una sonrisa se fue formando en su rostro.

- Así que era verdad, no se había marcado ningún farol.....Lo ha encontrado - comentó en voz alta. Los dos hombres permanecieron quietos, callados, esperando a lo que les dijera.

- ¿ Son auténticas ? ¿ Lo habéis investigado ? - les dijo.

- Eso parece, señor- dijo el más pequeño de los dos. - Las enviamos a los expertos que nos recomendó y, según ellos, son auténticas.

- Ajá - dijo él y siguió mirando aquellas fotografías. - ¿ Cuando habéis quedado con él ? - les preguntó.

- Pasado mañana, señor - dijo el más grande.- Nos dijo que traería el mapa.

- Entiendo - dijo. - ¿ Y cuanto pide por él ?- Los dos hombres se miraron y el más delgado, tragando saliva, contestó.

- Cin - cinco millones de libras, señor. Nos recalcó que le dijéramos que eran innegociables - dijo.

- ¿ Innegociables ? O sea, que además de buscador de tesoros es un hombre avaricioso, ¿ no les parece ? - les preguntó.

 - Sí, señor, eso parece - dijo el más pequeño.

 - ¿ Y dónde os habéis citado ? - preguntó.

- En Fowey,  un pequeño pueblo de pescadores de la costa sureste - le dijo.

 - Sí, lo conozco - dijo y se quedó pensativo durante unos segundos. Tamborileó con sus dedos el escritorio, se levantó de la silla, se dió la vuelta y miró de nuevo a traves del gran ventanal. A la derecha y en el horizonte, pudo divisar las rocas conocidas como Needles. Eran tres grandes torres de roca carcárea que sobresalían del mar y que eran muy famosas en la isla. Sin apartar la vista de ellas y sin girarse, habló.

- Ya saben lo que tienen que hacer, ¿ no ? - les preguntó.

- Sí, señor - respondieron al unísono.

- De acuerdo, entonces espero su llamada dentro de tres días - dijo. Se volvió y los miró fijamente a los ojos. - Espero también que sean buenas noticias. No quiero ningún fallo, ¿ me han entendido ? - les dijo.

- Sí, señor - volvieron a contestar los dos a la vez.

- Muy bien, pueden irse. Buenos días, caballeros - dijo y se volvió de nuevo hacia el ventanal.

Los dos hombres abandonaron el despacho y el silencio volvió a reinar en él. Desde su privilegiada posición, vió como se subían al coche y emprendían el camino de vuelta. Se mesó los cabellos y se sumergió en sus pensamientos. Había llegado la hora. Dentro de muy poco tiempo, mostraría su descubrimiento a la hermandad  y llevaría a cabo su venganza. Los años de infructuosa busqueda habían terminado. Se acercaban buenos tiempos, podía sentirlo hasta en lo más profundo de su alma. Se volvió a sentar, cogió las fotografías y las observó de nuevo.

, se dijo a sí mismo. Se acercan muy buenos tiempos para mí....

 

 

 

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8 febrero 2012 3 08 /02 /febrero /2012 22:41

Hoy por la tarde he estado, por desgracia, en un sitio al que nadie le hace demasiada gracia ir : el tanatorio. El hermano pequeño de una amiga, novia de un buen amigo, ha fallecido tras una terrible enfermedad. Sólo tenía 20 años. Yo la verdad es que no le conocía, nunca le había visto. Allí hemos estado todos los amigos para acompañarles en estos duros momentos.

Lo cierto es que no sé muy bien qué decir ante situaciones como esta. Puedo compartir su dolor e intentar ponerme en su piel. En la piel del chico y en la piel de mis amigos. Pero creo que hasta que no vives de cerca una cosa de estas, no sabes cómo vas a reaccionar ni lo que te va a afectar ni las consecuencias que puede acarrear en tu futuro.

Aunque no le conocía, todo esto me ha hecho reflexionar. Mi primera reflexión es que, a veces, la vida es una puta mierda y que golpea demasiado duro, sin capacidad de reacción para intentar esquivar los golpes. Para estas cosas no nos educan, no nos enseñan cómo se supone que debemos sentirnos y cómo hemos de reaccionar.

La segunda reflexión es que me parece superinjusto que muera gente joven cuyo único delito ha sido eso, ser demasiado jovenes. Somos millones de personas en el mundo y entiendo que debemos ir muriendo para dejar sitio a generaciones venideras. Pero que la muerte se lleve a gente buena, a gente que, practicamente, no les ha dado tiempo a hacer casi nada y no se lleve a la cantidad de HIJOS DE PUTA que hay por el mundo, me cabrea, me produce una sensación desagradable en el estómago. Una sensación de injusticia, de incredulidad. Si es verdad que hay un Dios allí arriba ( me da igual el dios cristiano, el musulmán, el hindú...), no sé a que demonios está jugando. Como bien dicen Los Suaves en una canción : "Qué hace Dios sentado allá arriba, haciendo trampas al barajar, las buenas cartas fueron repartidas y él ha perdido antes de jugar..."

Mi tercera y última reflexión es que debemos intentar ser felices y disfrutar todo lo que podamos en nuestro paso por la vida. No debemos enfadarnos por tontadas, no debemos gastar energías en cosas que, a la larga, no nos van a aportar nada bueno, no debemos ser tan duros y críticos con los demás y con nosotros mismos...Se que es muy fácil decirlo y hacerlo no tanto, pero debemos, por lo menos, intentarlo..

Para acabar decirte, Alberto, que te quiero mucho y que aquí me tienes para lo que necesites. Y a tí, Mary Cruz. decirte que no creo que tu hermano te robara nada de tu tiempo y que seguro que, de una manera u otra, te recompensará. Cada vez que le recuerdes y hables de él, vivirá de nuevo y siempre estará a tu lado....

Mucho ánimo para los dos....

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7 febrero 2012 2 07 /02 /febrero /2012 16:00

Desde que nacemos y abrimos los ojos por primera vez, nos enfrentamos a cantidad de retos. La vida es como una gran, enorme y, en ocasiones, interminable gimkana, en la que tod@s participamos y en la que no todo el mundo gana.

Empezamos por aprender a andar, a hablar, a distinguir e identificar las cosas, a ir al baño nosotros sólos, a leer y escribir, a relacionarnos con los demás, a sumar, restar, multiplicar y dividir, a responsabilizarnos de nuestras tareas ( hacer los deberes, cepillarnos los dientes ), a ducharnos y vestirnos sin necesidad de ayuda, a seguir estudiando más y más, a respetar a los demás ( sobre todo a nuestros mayores, esas personas que ya han pasado cientos de retos en la vida ), a ligar, a besar, a limpiar, a cocinar, a conducir, a amar, a sentirnos rechazados por la persona que nos ha robado el corazón, a ganar sin alardear y a perder con resignación, a trabajar, trabajar y trabajar ( durante muchos, muchísimos años..), a ser padres, a llevar una casa, a intentar ser felices y no morir en el intento, a madurar y crecer a nivel personal, a perdonar, a hipotecarnos, a cuidar a la gente que nos rodea y también a nosot@s mismos lo mejor que podamos, a educar a nuestros hij@s, a seguir trabajando más y más, a soportar los varapalos de la vida, a disfrutar de las, muchísimas, cosas buenas que nos ofrece el mundo, a envejecer, a morir......

Todo son retos. No todo el mundo es capaz de conseguirlos. Algunos por propia voluntad y otros por las dificultades añadidas que les ha brindado la vida ( minusvalías, deficiencias, enfermedades...). Además, no tod@s cumplen estos retos en el mismo orden. Hay gente que lleva su propio horario personalizado y hace algunas cosas antes que otras y viceversa. Cómo dice Enrique Bunbury  en su canción "Irremediablemente cotidiano" : "..unos tienen miedo a llegar tarde y otros a llegar antes que nadie..."

Yo siempre había pertenecido a este último grupo. Retrasaba algunos retos y realizaba otros que , quizás, no me tocaba hacer. Ahora estoy cambiando. Me siento con fuerzas renovadas y la mente fresca y lúcida para enfrentarme a cualquier reto que me propongan. Era una sensación desconocida para mí y, he de confesar que, me está encantando sentirla. Me veo capaz de realizar cualquier cosa que me proponga ( siempre siendo realista ) y es así, porque, por fin, me veo. Antes sólo me miraba y no me gustaba demasiado lo que miraba. Ahora me veo y me gusta mucho lo que veo.

Así que, querido amigo Tetillas,si estas leyendo estas cortas líneas, acepto tu reto. Ha sido como si me abofetearan con un guante retándome. Y está vez, sí, exijo una satisfacción.....

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4 febrero 2012 6 04 /02 /febrero /2012 16:38

Caminaba agazapado y refugiándose de la fina lluvia que caía en aquella fría noche de Enero. Las noches de invierno en Chicago solían ser frías, oscuras e impredecibles. Esta no era una excepción. La luna se difuminaba en el cielo y las únicas estrellas que se podían ver eran las de los carteles de los clubes de jazz que proliferaban en la ciudad. Casi no había ni un alma por la avenida norte de Broadway. Mejor, pensó Randall ( todo el mundo le llamaba Randy ). A pesar de apedillarse White, curiosamente su tez era tostada, curtida por el sol a través de sus innumerables viajes por, practicamente, todos los estados del país.

Randy había nacido a finales del siglo XIX en Dallas, Texas. Miembro de familia numerosa ( él era el séptimo de nueve hermanos ), pasó sus primeros años recibiendo los "cuidados" de su madre y de sus, variopintos, novios ( de su padre biológico nunca tuvo noticias ). Al cumplir los cinco años, su madre, al no poder mantener a toda la familia, le abandonó ( junto a sus dos hermanos más pequeños ) en la puerta del orfanato presbiteriano de la ciudad. Allí pasó cuatro años. Lo único que aprendió en todo ese tiempo, además de una estricta educación cristiana, fue a fantasear que escapaba de aquellos fríos y grises muros. Quería salir de allí y viajar por todo el mundo. Deseaba conocer las tierras que había visto en los, pocos y gastados, libros de la pequeña biblioteca del hospicio. Sus hermanos pequeños murieron al poco tiempo de entrar allí. La tosferina hacía estragos en aquella época y los dos se unieron a una larga lista de cadaveres. Se encontraba, completamente, sólo en el mundo ya que nunca hizo buenas migas con ningún niño del centro. Era reservado, poco hablador y tenía fama de conflictivo. Se metió en muchas peleas y se ganó duros correctivos por parte de las monjas del orfanato. Intentó escaparse, sin éxito, en dos ocasiones y a la tercera fue la vencida. Logró escabullirse una calurosa noche de verano y desde entonces, no había parado de andar y viajar.

Se consideraba a sí mismo un trotamundos y le encantaba vagabundear de aquí para allá. Estuvo sobreviviendo como, buenamente, pudo durante todos estos años. Había vivido ( más bien malvivido ) en Oklahoma, Wichita, Saint Louis, Memphis, Indianapolis, Iowa...... En todos estos sitios había trabajado poco y robado, bebido y peleado mucho. Las consecuencias de esta vida eran visibles en una gran cicatriz en su cara ( que le llegaba desde el ojo derecho hasta el mentón ) y en la falta del dedo índice de la mano izquierda, perdido en una vieja escaramuza. Un par de veces había dado con sus huesos en la cárcel por pequeños robos en granjas comarcales. La segunda vez que estuvo preso, volvió a revivir sus años en el orfanato y consiguió fugarse junto a otros dos reclusos de la cárcel del condado de Cerro Gordo en Iowa.

Siguió dando tumbos y tundas ( aderezadas con ron, bourbon y cerveza ), hasta que se instaló en Chicago. Allí contactó con un viejo compañero de celda y de juergas y se dedicó a transportar bebidas alcohólicas ( prohibidas por la Ley Seca promulgada en 1920 ), a atracar tiendas, a apostar en largas y sudorosas noches de boxeo, a visitar locales en el barrio chino ( donde conoció los encantos y los placeres del consumo de opio ) y a visitar también los, sucios y coloridos, prostíbulos.

Aquella lluviosa noche de Enero, necesitaba reunir un buen puñado de dolares. Debía mucha pasta por las apuestas de boxeo y si no reunía el dinero lo antes posible, se veía durmiendo el sueño eterno junto a los peces. Se subió el cuello de su abotonada gabardina, se caló la gorra y enfiló sus pasos hacia el club más famoso de la ciudad, el Green Mill. Al llegar allí, echó un vistazo hacia uno y otro lado y continuó sin ver a nadie por la calle. Maldijo su suerte en voz alta ; necesitaba localizar algún blanco fácil para darle el palo y acudir, acto seguido, a un speakeasy ( local ilegal donde se vendía alcohol ) para reunirse con uno de sus socios.

Al final de la calle había un oscuro callejón. Pensó que desde allí podría divisar si alguien salía del Green Mill ( con un poco de suerte con algunas copas de más ), sin ser descubierto. Dicho y hecho. Se apostó en el callejón y se dispusó a esperar el tiempo que hiciera falta. Una rata grande como una liebre correteó por sus botas y le pegó una violenta patada. Sacó una pequeña botella de jarabe para la tos ( que contenía whisky barato, del que raspaba la garganta ) del bolsillo izquierdo de la gabardina y se echó un buen trago para calmar los nervios y calentar un poco su atenazado cuerpo. Metió la mano derecha en el otro bolsillo y acarició el frío revolver; un colt de ocho cartuchos, frío y liviano. Se encendió un Camel sin boquilla con la única cerilla que le quedaba.

Los minutos pasaban sin ninguna novedad. Se estaba muriendo de frío y no paraba de maldecir su mala suerte. Cuando casi había arrojado la toalla, una pareja salió del club. Eran un hombre de mediana edad y una chica joven. Él iba muy trajeado, con un gran sombrero de copa y apestaba a dinero. Ella era una de esas flappers que tan de moda estaban. Tenía el pelo muy corto, en plan bob cut y teñido de rubio platino. LLevaba collares y pulseras de cuentas y fumaba un cigarrillo con una gran boquilla. Su vestido era largo, de color negro y parecía no tener nada de frío. Se reía con grandes y estridentes carcajadas y sus torpes movimientos delataban que, o bien iba borracha, o bien ciega de cocaína. Randy se relamió y se preparó para entrar en acción.

Cuando ya llevaban la mitad del camino hacia al callejón, Randy se fijó en una figura que apareció por una de las calles transversales. Se encontraba detrás de la pareja, a una distancia considerable. Era un hombre, ataviado con un oscuro traje, un largo sombrero y una especie de capa que sobrevolaba gracias a una ráfaga de viento que se había levantado de repente. Echó a andar y a Randy le extrañaron sus gráciles y firmes pasos. No era una forma muy normal de andar. Además, le pareció que sus pies no tocaban el suelo. Un sudor frío le recorrió la espalda, no le gustaba nada ese extaño tipo. Se fijó mejor y comprobó que parecía levitar por el aire. Con la boca abierta, se santiguó ( recuerdo de su paso por el orfanato ) y observó como, con una rapidez inhumana, se avalanzaba hacía la pareja, completamente absortos en su etílico mundo, agarró al hombre por la nuca y le rompió el cuello con un violento movimiento. Pudo escuchar el crujido de las vertebras quebrándose. La mujer se giró, sin saber qué demonios acababa de suceder, y el extraño le agarró de una muñeca, la atrajo hacia él, la agarró del pelo y echó hacia atrás su cabeza, dejando al descubierto su cuello. Randy creyó volverse loco cuando contempló los ojos de aquel hombre, o lo que quiera que fuese. Eran rojos, brillantes, como los de un animal. Abrió la boca y mostró unos afilados y demoníacos colmillos. Con brusquedad los clavó en el cuello de la desdichada muchacha. Desde su escondite en el callejón, Randy pudo escuchar con claridad los sorbos y chupetones que procedían de la boca de aquel ser procedente del averno. La chica agitaba su cuerpo, sin proferir lamento o grito alguno. Arrojó el cuerpo inerte de la mujer y se limpió la boca, cubierta de sangre, con la manga de su traje.

Randy, tembloroso y muerto de miedo, se había metido unos de sus puños en la boca para no chillar y no advertir de su presencia. El extraño se quedó mirando en su dirección y, tras unos angustiosos segundos, se dió la vuelta y echó a "andar". Cuando vió que desaparecía de su vista, Randy salió del callejón, buscó en la gabardina la botellita de jarabe (necesitaba un trago con urgencia )9181940-negro-de-ojos-rojos-de-gato-en-la-oscuridad-de-la-n.jpg y al acercarla a su boca, sus manos temblorosas hicieron que se le resbalara de los dedos. La botella cayó al suelo, rompiéndose en añicos. El sonido de cristales rotos retumbó en las calles vacías.

Paralizado por los acontecimientos, miró al frente y entre la fina lluvia, que caía sin parar, vió dos luces rojas al fondo de la calle, camufladas en la oscuridad. Sabía bien que no eran ninguna luz, tenía muy claro lo que realmente eran.

Rebuscó en la gabardina el revolver y cuando, por fin, consiguió sacarlo, supo que era demasiado tarde y que ya no iba a dormir junto a los peces y que sus años de andanzas habían terminado. Notó un dolor punzante en su cuello y se lamentó de que no le hubiera dado tiempo a echar un último trago.....

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